Una vivienda contemporánea de 170 m² que propone una relación equilibrada entre arquitectura, materialidad y paisaje.
El proyecto se organiza a partir de volúmenes simples y líneas horizontales que definen una composición de carácter sobrio y preciso. La combinación de piedra natural, madera y revestimientos metálicos construye una materialidad cálida y texturada, aportando identidad a cada uno de los espacios.
Las superficies vidriadas amplían la relación entre interior y exterior, permitiendo que la luz natural y el paisaje formen parte de la experiencia cotidiana de la vivienda. El diseño del entorno acompaña esta búsqueda, integrando vegetación, materiales y arquitectura en una composición continua.
El resultado es una casa de expresión contemporánea, donde la simplicidad formal, la calidez de los materiales y el vínculo con el paisaje construyen una arquitectura pensada para habitar.